Aquí la Hora en donde yo no soy sino el silencio, el crudo silencio que aletea y quiere escapar de la iracunda forma. Hora en que ya los otros duermen y sueñan y en donde yo sólo sueño, sin dormir, en un mañana que no habrán de encontrar mis brazos; del mañana escabulléndose por las rendijas de una nostalgia más negra que la noche y más pesada que el insomnio. Yo no aspiro encontrar lo perdido o incluso lo soñado, bien me sé la directriz del futuro; yo no abandono este instante, mezcla entre el cigarrillo y el alcohol: forma de abandono, manera de consuelo. Algún día, sí, algún día, yo podré decir que fui feliz en cierto momento de la vida, yo podré hablar, como todos los demás, de un Alguien que encontró en mí, cierto amor rupestre en la cueva de mi alma. Yo me confrontaré conmigo mismo y escaparé a la enfermedad que a la humanidad vence. Andaré los caminos, caminaré con el futuro para dormir sin el tedio de la tristeza antigua. Sin embargo, en esta hora, las oraciones que a mi alma dicto mueren por la falta de esperanza. No ambiciono [porque yo nunca ambiciono nada] sino me compadezco por mí. Mi tristeza no es un vicio, es una forma de vivir. Mi vida no es simple, la vida misma lo es. Yo sólo acato el destino, yo sólo me visto de la simpleza que mi propia vida concibe.
De: Soliloquiorum libri
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