martes, 14 de agosto de 2012

V

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Comprendo que todo es un instante. Hoy abro los ojos y, dentro de unos segundos, vuelvo a cerrarlos. No hay salida, en el juego nadie pregunta: después de mi primer llanto no hay excusa para seguir escondiéndose. Se me perdió el universo en donde yo no era ni parte ni ausencia, era solamente Luis o, tal vez, Alberto Sánchez, con los mismos vestigios que hoy tengo bien amarrados al alma, con las mismas facciones que he perdido con los días y en donde la vida es la causante de este deterioro, de este delirio acuñándome identidades perdidas en mis pasos: mis sueños de niño no son los mismos sueños de mi infancia, mis tristezas no son las mismas de ayer y ayer es otro día igual a este, en donde al cerrar los ojos comprendí que todo pasa y que todo, al igual que la vida es un suspiro, como si fumara un cigarrillo y en ella perdiera y volviera a contraer mi nostalgia, esta nostalgia que es uno de mí a quien yo no conozco. No sé quién soy ni qué misión tenga, sólo soy el inquilino que sale cada mañana con un cigarro puesto en la oreja, el que espera, a la misma hora, el mismo camión que ha de llevarme a cementerio de la vida. El que regresa sin horario a casa y saluda a las paredes impregnadas con el aroma a derrota: aquí la tarde es la misma pero yo soy el igual al mismo: la casa tiene algo de mí y yo no poseo más que mis propios sueños. Sí, todo es un instante y yo soy el instante, todo es monótono y yo el burdo con la monotonía de su profesión, el licenciado a quien nadie conoce y solo llaman: "él". Sí y perdón que lo repita, todo es un instante, todo es un instante y tú, quien no me lee, eres a quien yo siento, en estos momentos, más aferrado a la vida: tú el que no estás fumando por no tener cigarrillos al alcance de la mano; tú, el que duerme esperando el día de mañana y salir como todos los demás a trascender en la vida; tú, el que ha dormido a sus hijos con un cuento; tú, quien sueñas sueños que no recordarás al bajar el pie derecho de la cama; tú, el mismo que aquí vive y aquí vivirá, el que ignora al poeta que hoy te nombra; tú, quien yace a la diestra de un amor correspondido, el hombre que ignora la vida y sus instantes porque no le competen [no lo sabes, no te interesan]; tú que sin más ni más duermes, sólo duermes y sueñas, sólo sueñas como las demás criaturas que se dedican a ello, que viven para ello; los prestidigitadores que van cosechando, a diestra y siniestra, mojones de dosis precisas, perfectas, de instantes, aquellos instantes que ignoran porque no lo saben, porque no les interesan. Los felices, los dichosos quienes solo se dedican a vivir y no a escribir la vida. Yo, hoy, por ustedes, ahogado en insomnio, en tristeza, en fracaso, en poesía
los recuerdo.




De: Soliloquiorum libri
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domingo, 12 de agosto de 2012

CANCIÓN REVOLUCIONARIA 01

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Nuevamente volvió a mí una sensación que no tenía nombre. Yo me encontraba sentado en la silla donde tengo un pan hormigueado y un vaso de leche sin terminar, una libreta con anotaciones de posibles textos que no habrán de trascender más que el edificio vecino y una lampara parpadeando al unísono de mis ojos. Estaba nuevamente solo pero no lo estaba en realidad, alguien estaba ahí como vigilando mis movimientos sin hacer ruido. No era necesario adivinarlo, sabía de su presencia y ello me reconfortaba: el viejo maniquí ha dejado desde hacía semanas de interesarme, no había poder humano que yo volviera a preocuparme de él; los polvosos cuadros aún estaban en el mismo lugar de anoche, todo era normal pero yo no tenía la misma sensación de anoche, es Algo que no tiene nombre, Algo que me vigila y que, sin embargo, sigue aquí como merodeando mis sueños de una forma fantasmagórica.

Pasó la mañana. Di vueltas alrededor de la habitación como esperando encontrar la palabra precisa de un texto de hacía varios años. He soñado incontables veces que yo soy una máquina y, que arriba de mí, existe otra maquina e imagino que ella me penetra por la espalda una infinidad de cables quienes han de proporcionarme, lo imagino, aquel conocimiento que sería lo suficientemente útil para cumplir con la misión [cualquiera que esta fuera] encomendada a mí. Lo imagino dentro de mis sueños y dentro de mis sueños imagino que soy el dios de mi propia vida. A los pocos segundos abro los ojos y vuelvo a la misma silla, cerca del pan y el vaso de leche que, a esta hora, ya se han descompuesto, miro la libreta aún sin anotaciones y trato de parpadear para ver si nuevamente retorno al sueño del que no quisiera alejarme nunca más. Mi mente es sucia y mi imaginación bastante proclive a la realidad. Abro nuevamente los ojos y veo el pan, el vaso y la libreta, yo estoy en la misma silla como hacía segundos atrás. Cae nuevamente a mí alma la sensación de sentirme vigilado pero ahora, después de retornar a mi realidad real, veo a mi pequeño gato dormido a mis pies. Siempre me han gustado los gatos y por algún instinto yo cuidaba de él como si yo mismo fuera el felino. Ambos despertamos sobresaltados después de un lapsus catártico de sueños. Él salta hacia la silla y se hunde en mis piernas, yo continúo viendo la libreta, el vaso y el pan a medio terminar, el gato y todo el cúmulo de sueños que hoy, como todos los días de mi vida, se han ido por estar sentado en la silla, por imaginar ser una máquina y, sobre todo, por gastar mis ansias en realidades que ambos seguimos soñando realizar.


Sterin Romanov


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sábado, 11 de agosto de 2012

IV

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Si el pianista de la calle contigua nunca dejara de tocar, quizá mi alma sucumbiera ante la desesperanza del sonido. Quizá mi alma, al no encontrar similitudes de un pasado, no tenga más opción que levantarse por sí sola e interpretar los silencios que ha ido guardando a través de los días. Pero si el pianista por alguna razón tuviera un accidente en el que sacrificara sus manos, mi alma rebozaría de alegría. No soy mezquino al desearlo pero qué mayor provecho me causaría si dejara de tocar un instante [o toda su vida], ahí yo entendería la tristeza del músico, ahí yo me pondría en su lugar para escuchar al piano si es que de verdad se cumpliera la consigna de que la música habla por sí misma; si es que ella tiene solo una voz qué caso tendría una segunda persona a sus espaldas. Me pierdo en estas ideas que no concreto en una sola frase. Tengo en estos momentos de amargura un spleen que ni yo mismo sé explicar. Sólo me dejo llevar por el sonido malsonante de la música que no deja de sonar cada noche. Ella, pienso, al igual que yo sufrimos de un insomnio acelerado que no da cabida al sueño, únicamente a esta razón por la que él y yo parloteamos y seguimos interpretando lo que otro ya se nos ha adelantado. Oh Belleza impenetrable de formas, nada nos has dado sino tu propio odio para odiarnos, nada nos tiene atados y, sin embargo, sigues aferrándote como las notas de una partitura, continuas y nosotros, por alguna razón, no dejamos de ser los miserables y siempre fieles felices que esperan alguna noche, perdida en el vaivén de la creación, tu mano que nos toque sin más el hombro.



De: Soliloquiorum libri

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III

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Estoy a la siniestra postrer de mis sentidos. Véanme aquí como la utopía de un vegetal.







de: Soliloquiorum libri



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XXVII

[Pasaje] Fumo y bebo sin descanso t anto como algún día soñé fumarme y embriagarme de la vida,  y no lo hice. De: Soliloquior...