viernes, 21 de septiembre de 2012

X - I

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A:

Degrado la noche y mientras la consumo suena una opereta delante de mis ojos. Ya lo ves, estoy nuevamente aquí usurpando el sitio que debió ser el rincón de nuestros labios; manejándome a tientas sobre las líneas encalladas de algún laberinto: impiedad que nos fue silenciando como el crepúsculo aplaca lentamente la luz. Te llamo en vano. Te llamo en este llano perplejo, iracundo. Te llamo como invocando un fantasma que no pudo haber nacido nunca, como cualquier hombre pudiera hacerlo estando en el delirio de la desesperanza, con mi sola voz: instrumento famélico.

Pero sé que estás en cama [yo también estoy en cama] y sé que caminaste por las largas avenidas como todo día, que te paseaste por los sitios comunes, aquellos lugares recelosos. Yo anduve detrás de ti [lejos de la hora], recorriendo el viejo molino, el imponente cine y la larga plaza, imaginándote por ésos sitios donde ya has pasado: ¿te has fijado que el oxido ha ido desgastando la pintura de la banca? ¿Has notado que las palmas están más altas? Qué poca cosa el corazón en estos momentos, qué poca cosa mis palabras no haciendo eco en tus orejas, qué inútil [cuán inútil] toda esta caminata olfateando un aroma perdido en el aire.

Me refugio en la literatura: hay algo de esto que tú, quizás, odias pero no hay salida. La poesía no libera a nadie, el conocimiento hace más temerosas a las personas, las enclaustra, las va cubriendo poco a poco con el polvo que ha de ahogarlos después del último disparo. No hay salida. Tú odias a quien está escribiendo y a quien lee, posiblemente, también lo odies. No puedo remediarlo, hay algo de mí a quien no conoces y a quien yo mismo temo conocer [aun hoy no hemos sido presentados y nuestras miradas todavía no se pueden encontrar: quizá sea eso el odio que engendras en mí, que abortas en cada palabra que no me dictas. Quizá sea yo -y no lo desmiento- quien verdaderamente esté odiando lo que no odio y ame lo que no podré completar en lo que resta de mi vida]. Por ello perdóname. Me sigo acusando ante las líneas negras de la noche, ante la cruel transparencia de la hoja. Perdóname por inventarte en el sueño, en la cueva de mis sensaciones. Toda esta inteligencia es para que no mueras, para que no sientas el desgaste de la muerte en cada parpadeo, para que puedas salvarte de la soledad, solo salvarte de la soledad como todos nosotros, como cada mañana sintiendo el movimiento de la sangre. No lo hago por mí, me duele tu corazón que penetra el silencio, tu corazón eyaculante de silencios.

La poesía también llueve. La poesía es el ciclo del silencio. Entiéndelo. No soy yo quien te escribe, es otro que soy yo pero fuera de mí, en mí pero no presente. Estoy fuera, completamente afuera, bajo la lluvia: sin presente y sin mí. Sin nosotros estoy perdido, desbastado.





De: Soliloquiorum libri

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