martes, 11 de septiembre de 2012

VIII

.



Siento una contracción en mis labios: la imposibilidad de mi cuerpo. Hace tanto frío en mis ropas que estaría dispuesto a desnudarme, quedar así hasta la hora próxima cuando mis sensaciones estén lo suficiente hervientes. Si me dieran a elegir entre abrir una puerta o cerrarla, yo me despojaría de todo cuanto tenga encima para pretextar una fiebre. Yo me quedaría aquí enclaustrado alimentándome de las migajas caídas de la vieja mesa; yo estaría dispuesto a vivir solo, apartado de mi yo externo que, seguro, vendría cada tarde a tocar la puerta. Todos los días a la misma hora del reloj de la ciudad él estaría aquí presente, junto con el tiempo tomados de la mano como médulas que se muerden mutuamente. Pero mi casa estaría en silencio: el inquilino que aquí estuvo se fue una mañana y no dijo a dónde iba, ya jamás regresó. Pero mi casa estaría vacía, solo sitiada por roedores y picoteada por insectos; barriendo el polvo flotante del espacio, tosiendo a causa del oxígeno contaminado por el humo del tabaco. Mañana o pasado mañana mi cuerpo y mi casa quedarán olvidados por algún romance, por algún familiar que ya nunca preguntó al conserje por mi paradero; de los pocos amigos que puedan recordar y de los nulos vecinos pensando "qué fue de él". Qué fue de quien posiblemente vivía en el piso de arriba o de abajo, no lo sé, no queda nada, nada queda, todo se marchó un mañana en que yo estuve enfermo.

Tengo miedo de la noche. ¡Tengo miedo de la noche! No estoy solo pero de la noche tengo miedo. Estoy sólo y tengo miedo, aquí en la noche tengo miedo y lo comprendo. Me autopido un poco de cariño y un poco de sosiego; me arremeto con toda mi felicidad y me digo que no pasa nada. No pasa nada, me digo, y fracaso cayendo en mí mismo sintiendo la contracción de mis labios, la imposibilidad de mi cuerpo que me da frío y cierra la puerta impidiéndome gritar que estoy solo, sólo yo y estos muebles viejos, cuarteados, gastados sin usar, gastados sin sentir.

Tengo miedo de la noche y yo, aún, proclamándome señor de mis sentimientos, nuevamente estoy solo.




De: Soliloquiorum libri

.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

XXVII

[Pasaje] Fumo y bebo sin descanso t anto como algún día soñé fumarme y embriagarme de la vida,  y no lo hice. De: Soliloquior...