viernes, 7 de septiembre de 2012

CELEBRACIÓN


100692




Y estos recuerdos se mantenían independientes,
unidos apenas por el nombre."
Juan Carlos Onetti




Estoy sentado a la orilla del Universo. Avizoro dos constelaciones bifurcándose frente a mí. Yo sigo siendo la fiel mirada de las cosas que llegan, que se pierden sin motivo. Anoche también estuve aquí; sin embargo, este olor, estas imágenes y esta finitud no es la misma que hace unas pocas horas pudieron arraigar mis manos; no es la igual manía sucumbiendo por energías premeditadas; no, no es el aquí que ahora presto viene para circundarme, rodearme de juegos como un animal hambriento. Porque yo, quizá, no soy el que está ahora allí, sentado, esperando irrumpir alguna ventana abierta y pasar [como quien pasa después de la luz roja] hacia otro horizonte para encontrar, de una vez por todas, aquella ventana que por tantos años estuvo construyéndose. Mis sueños no son el arquetipo de mis sensaciones y este Universo no es la noche. Pero algo se ha roto. Algo rompe esta caja de contradicciones. Veo, detrás de mí, un ente-materia ahogándose en sus propias venas, un Quizá sobresaliendo por detrás de sí para verse hacía sí mismo, para sentarse junto a sí mismo y esperar, también, ese Universo que habría de penetrarnos de una forma vulgar y escandalosa. Si en este momento la noche no fuera noche, yo sería la oscuridad abrazando al padre; si mis manos no tuvieran sus mismas divisiones, yo sería otro, tal vez el mismo en otro cuerpo, con las mismas pero siempre distintas sensaciones: la tristeza ya no sería tristeza sino la palabra que brota, que nace como las estrellas.

Y bien, sigo. No me detengo. Nada puede frenar los instintos. He decidido construir mis cadenas y quedarme varado a la diestra de mí mismo. Un instante no me sirve si yo continúo en este sueño postergado, camino de constelaciones amarrados como una cebolla [serpiente enredada en el universo de la vida]. Miro y es la última vez que me encuentro mirando el vacío. Mañana quizá nazca y vuelva a ser el mismo que aquí estuvo ahogado en los espermas de la noche. Yo, digo, no hay por qué temer: aún no es la hora, después habrá tiempo para saludar, como si fuera la última vez, al sol.



De: Soliloquiorum libri


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